Análisis 3ª Temporada «La casa de papel»

Episodio 8 - Una victoria que sabe a derrota

Maquiavelo decía que el fin justifica los medios. La inspectora Sierra, con el beneplácito del Estado, ejecuta esta máxima hasta el final. Las dudas y reparos con las que pudo haber actuado la policía en el atraco anterior se han sustituido por una determinación que es capaz de llevarse por delante a cualquiera.

Esta temporada hemos reafirmado la transformación en familia que se da entre los miembros de la banda, con las fortalezas y debilidades que esta unión puede conllevar. Las relaciones amorosas entre ellos hacen que el relato tenga que navegar de manera forzada por estas experiencias. El Estado no siente nada por nadie, es implacable, no se va a amedrentar y pretende vengar el robo anterior para evitar que vuelva a repetirse el bochorno que supuso el atraco anterior. 

La unión entre el amor y la posibilidad de conciliarlo con una relación laboral -con lo que significa aquí una relación como esta- copa gran parte de la trama de esta temporada, hasta el punto de que la preocupación de un hermano llegue a su máximo esplendor cuando Berlín charla con Sergio sobre la conveniencia de mezclar amor y negocios. Berlín no pone límites al amor –el amor no se cronometra, llega a decir-, pero El Profesor sí cree en los límites, la labor que llevan a cabo no permite mezclar las relaciones personales con el trabajo. Esa es la duda que tiene en todo momento con Lisboa, la ama, pero no hace más que ver una vulnerabilidad en ella. Sin embargo, este capítulo arroja un triunfo, una victoria de Sergio sobre El Profesor, que por primera vez abandona su careta de comedido atracador y se abre en canal para mostrarse tal y como es. Triunfa Berlín, que siempre se rindió a las dulzuras del amor y abrazó el caos como la gasolina que necesita la vida y ha visto como su hermano ha sido incapaz de disfrutar de la vida por el excesivo control que ejercía sobre su la misma.   

«La temporada acaba con una derrota del Estado que tiene sabor a victoria; y una victoria de los atracadores que no es más que la más dolorosa de las derrotas.».

El final de temporada no puede ser más emocionante, se abren varios frentes y en todos parece que la resolución va a ser inmediata. El profesor y Lisboa están literalmente pendientes de un hilo, con la soga al cuello y con la necesidad de realizar una maniobra de distracción que les permite salvar sus cabezas.

La inspectora Sierra es la que se pone en cabeza y piensa la mejor estrategia para terminar con los atracadores, conoce perfectamente su punto débil, el corazón, y juega con ello para conseguir la máxima ventaja. De igual forma, es capaz de vengarse con una sangre fría y una brillantez que hielan la sangre. Usa al hijo de Nairobi como tapadera para poder atacarla -como Nairobi había usado con anterioridad a su hijo como mula-, y es capaz de devolver al profesor la maniobra con la que había sido engañada. Se toma la venganza en plato frío y simula ejecutar a Raquel para que el profesor realice el único movimiento que podría despertar la división entre la sociedad y los atracadores, un ataque injustificado a la policía. Los atracadores pasan de ser los referentes de una sociedad oprimida a ser un grupo de delincuentes capaz de atacar a personas inocentes. Una derrota del Estado que tiene sabor a victoria; y una victoria de los atracadores que no es más que la más dolorosa de las derrotas. El profesor ha perdido esta batalla, ha sido engañado y se encuentra en una situación crítica.  

Pero la guerra aún no ha acabado y nos espera una cuarta temporada de vértigo en la que la policía tendrá que manejar esa ventaja con la que ha terminado. Por su parte, los atracadores deberán idear una estrategia que les permita salir con vida del Banco y rescatar a Lisboa.

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