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I'm a performer

Crítica ★★★★★ Bohemian Rhapsody / Título original: Bohemian Rhapsody / Año: 2018 / Duración: 134 min. / País: Reino Unido / Dirección: Bryan Singer / Guion: Anthony McCarten (Historia: Anthony McCarten, Peter Morgan) / Música: John Ottman / Fotografía: Newton Thomas Sigel / Reparto: Rami Malek, Joseph Mazzello, Ben Hardy, Gwilym Lee, Lucy Boynton

La concepción de la crítica cinematográfica se basa en un análisis serio, profundo, formal y riguroso de una pieza audiovisual. Se realiza de una manera personal, no obstante, exige dejar de lado los apegos o recelos que se puede tener hacia la obra a analizar. Los críticos, en tanto en cuanto ejerzamos esa labor, debemos olvidarnos de la faceta de realizadores, guionistas o, sobre todo, exacerbados espectadores. El discurso crítico tiene que tratar de alcanzar la objetividad, pese a que siempre va a haber una postura subjetiva ya que ésta es inherente al análisis personal. Por ello es preocupante que, de un tiempo a esta parte, esta labor haya ido perdiendo su esencia y haciéndose cada vez más predecible, transformándose en una suerte de exaltación del fanatismo que deja de lado el razonamiento para centrarse en banalidades y construcciones más cercanas a las “reseñas” exageradas y pasionales que hace gala el espectador medio carente de capacidad y ganas de realizar un análisis en mayor profundidad.

Por otro lado, se encuentra el olimpo audiovisual, esa esfera clasista que no admite otras creaciones que las que siempre ha venerado y que obliga a rechazar el consumo de todo aquello que se aleje de sus construcciones, formas y productos. Una imposición monárquica que clasifica el arte haciendo que solo consideremos dignos a ciertos productos que complementen, juzguen o diseccionen al ser humano, que contengan un mensaje o una moraleja que desmonte las creencias del receptor o que remueva su ser mismo. No encontraremos ninguna de estas facetas en Bohemian Rhapsody, película que narra la historia del grupo de pop-rock Queen centrándose fundamentalmente en la figura de su vocalista Freddie Mercury, esta película cumple quizá a la perfección el canon de película anodina e insustancial. Su cualidad radica en el cumplimiento de su fin, es una película de entretenimiento y eso es exactamente lo que la cinta transmite a través de cada una de sus ondas y fotogramas. Sin embargo, esta película tiene una virtud, que a menudo se antoja menor, la pequeña virtud de esta cinta es que es capaz de entretener, divertir, hacer soñar, y todo esto sin perder el respeto al espectador y a la película. Creo que la crítica se equivoca si otorga a esta cualidad una relevancia menor, es tremendamente ardua la tarea de componer una película de estas características y que el objetivo se logre con este resultado, puede parecer casi una cuestión de magia, pero no lo es, para nada. Es el resultado de un producto tremendamente trabajado y llevado a cabo con muchísimo tino.

Pero ¿Cómo es posible que un producto con tantos errores como Bohemian Rhapsody pueda alcanzar el estatus de gran película? La respuesta es simple, es una cinta que logra crear una atmósfera que evoca el mundo onírico que tan pocas veces consigue alcanzar el séptimo arte. La película narra una historia idealizada de lo que fue el génesis, el desarrollo y el desenlace eterno del grupo Queen. La película crea una atmósfera boyante, su intención no es ahondar en el drama vital de alguno de sus componentes, pese a ello no esquiva el desarrollo de estos temas, muestra los excesos y la orientación sexual de su protagonista, de hecho, lo hace de tal manera que conforman una parte vital del relato, pero su tratamiento es tan comedido como perfecto, otorgándole la ponderación necesaria para una cinta como esta. La narración no se jacta de mostrar los excesos de forma explícita -hecho que parece que ha hecho repudiar a muchos sectores la película al no ahondar de manera directa en temas “vitales” para “su” construcción del relato-, le basta con mostrar unos polvos encima de la mesa, algún diálogo intercalado en una conversación, una imagen simbólica poderosa. La cinta elude el espectáculo sensacionalista al que invita una historia como esta, y con este ejercicio demuestra el respeto que tiene hacia la obra del grupo, que está por encima de la historia que ha llenado páginas de prensa rosa en todo el mundo.

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«¿Cómo es posible que un producto con tantos errores como Bohemian Rhapsody pueda alcanzar el estatus de gran película? La respuesta es simple, es una cinta que logra crear una atmósfera que evoca el mundo onírico que tan pocas veces consigue alcanzar el séptimo arte».

Pese a que la construcción del relato es de todo menos arriesgada: el guion está tremendamente medido y estudiado, se usa el montaje lineal durante todo el metraje -aunque la película arranque con el final-, los efectos visuales parezcan directamente sacados de un videoclip de poca calidad… la película domina el tiempo y el punto de vista. Es capaz de lograr verdad a través del montaje, de un uso magistral del punto de vista, de la escenografía y, sobre todo, del manejo del sonido. Bohemian Rhapsody se centra más en el ascenso que en la caída, pero en esta hace más un ejercicio de intuición que de exposición, no especula ni hace espectáculo, se basta de un plano angelical de Mercury saliendo del hospital para reflejar el desenlace fatal de éste. La película es capaz de alternar construcciones tan maduras como esta, como fallos garrafales, sobre todo a la hora de mostrar las debilidades y relaciones del personajes -hay una escena de Mercury con Mary Austin y unas lámparas que roza el despropósito-, pero nunca pierde el ritmo, cuando parece que caes en sus innumerables errores, la película te sacude con una cadencia frenética que hace que tus ojos miren a la pantalla hipnotizados, los pies empiecen a golpear el suelo al ritmo de la música y que la sonrisa aflore de manera incontrolable.

El compendio de manos que han formado parte de la dirección de la película (Bryan Singer y Dexter Fletcher) es tan eficaz como efectista. Cumple con todos los recursos formales y estéticos que contienen las películas de entretenimiento, asume como propios los movimientos de cámara para estructurar escenas memorables. La construcción no escapa a la espectacularidad, sin embargo, en este caso la incorpora como complemento y no como reclamo principal.

La cinta, pese a parecerlo por su construcción clásica, no es un documental, tampoco es la clásica película hecha para competir en festivales- dudo que haya ninguna nominación a los Oscar, exceptuando una casi obligada nominación a Rami Malek y alguna nominación técnica en el apartado de sonido-. Bohemian Rhapsody no pasará a la historia del cine, ni tan siquiera estará entre la filmografía sagrada de cualquier cinéfilo sensato, pero puede presumir de ser uno de los productos que más ha complacido a un público acostumbrado a productos de entretenimiento totalmente anodinos y carentes de contenido y que además posee algo que es lo único que se le puede exigir a una película con esta intención, la capacidad de transmitir emoción. De esto es lo que más rebosa esta obra, es capaz de emitir, con mecanismos muy pobres, una emoción que sobrepasa la pantalla, los instantes musicales caseros son tremendamente precisos, los personajes hacen uso de un humor tremendamente preciso y mordaz, y Rami Malek es capaz de ofrecer tantos matices a su personaje que hace que la conexión con él sea igual de intensa que la que tenía el público con Mercury. El acierto de Malek es que consigue adentrarse en la esencia de la energía de Mercury, no lo imita, se embriaga de su poder y ofrece un papel sensacional que rebosa fuerza y atracción.

En todo caso, el verdadero motor de la película ‒y no nos engañemos, su gancho comercial‒ son sus escenas musicales, en general creíbles, y en algunos casos, incluso vibrantes. La película a ratos luce como un recopilatorio de Greatest Hits junto a los Making Of de las canciones, que introduce fragmentos de la historia de el grupo y Mercury.

En definitiva, creo que a la hora de narrar el visionado de una obra audiovisual es imprescindible contar tanto el análisis “objetivo” de la misma como la experiencia que se ha tenido con el visionado. Sería muy sencillo decir que Bohemian Rhapsody no es más que un torpe, pero entretenido ejercicio fílmico. Pero esto iría en contra de todos los principios del análisis textual de las imágenes, sería una vaga hipótesis que dejaría a esta entretenida película como el resultado de una serie de casualidades que le han hecho caer en gracia.  

Creo que mi valoración de esta cinta es arriesgada y me expongo a ser categorizado como un insensato, no obstante para mí este “trato de favor” a Bohemian Rhapsody supone un ejercicio de liberación y queja, una protesta por aquellos productos de entretenimiento que pretenden reírse del espectador y tomarlo por idiota, pienso que esta es mi demostración de que acepto esta clase de creaciones siempre que al menos pretendan alcanzar estos resultados, es la manera que encuentro para decir que este es el camino, que no exigiré la perfección técnica y narrativa, siempre que no se me tome el pelo y que una emoción me inunde en la sala durante el visionado.

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