Crítica Carmen y Lola 1

El precio de una mirada

Crítica ★★★★☆ Carmen y Lola / Año: 2018 / Duración: 103 min. / País: España / Dirección: Arantxa Echevarria / Guion: Arantxa Echevarria / Música: Nina Aranda / Fotografía: Pilar Sánchez Díaz / Reparto: Zaira Morales, Rosy Rodriguez, Moreno Borja, Carolina Yuste, Rafaela León

En tiempos en los que la libertad de expresión y de pensamiento varía según la ocasión, donde la censura por no verse representado de manera “fiel” dentro de un contexto hace llover ríos de tinta crítica sin ningún argumento, se hace aún más necesario mirar y tratar algunos de temas delicados con una mayor amplitud y profundidad. Estamos tremendamente errados si queremos ponerle límites a la creación -sobre todo artística-, ésta es algo puramente humano, por lo tanto, siempre va a estar influenciada por una mirada. En el caso que nos concierne, se trata de la mirada de una paya que pretende mostrar el significado del primer amor dentro de un contexto complicado para así remarcar la universalidad de este sentimiento.

Carmen y Lola se estrenó en la Quincena de realizadores del Festival de Cannes. La película se presenta como una crítica social realista, que parte del interés de su directora que, tras leer una noticia en la que dos gitanas celebraban su boda sin la presencia de ningún familiar y aparecían de espaldas, se lanza a escribir esta historia que pretende poner rostro a esas dos mujeres.

La cinta arranca con una novia vistiéndose en absoluta soledad, encuadrada con un angular que remarca su aislamiento; unos ruidos que parecen provenir de una fiesta que está fuera de campo; una puesta en escena extravagante e iluminada, en definitiva, una serie de componentes que conforman un buen ejercicio fílmico para mostrar el vacío existencial al que se ven abocadas las gitanas ante un casamiento que no han elegido.

Las siguientes escenas son de marcado tono documental -que está presente durante todo el metraje, especialmente en la primera parte-, la cámara libre domina el discurso y es la que se encarga de escribir el relato. Este tono sirve para instruir al espectador y remarcarle el contexto de la historia que va a tener lugar. La familia, los lugares, las casas, los puestos del mercado, el vestuario… todo ayuda a esclarecer el mensaje y a intuir el discurso. Una vez transcurrida esta parte instructiva, la película se estabiliza, se produce un ligero abandono de la movilidad para dar paso a un cierto estatismo, los planos y las estructuras se tornan más medidas y estudiadas, la historia de amor es la que pasa a dominar el relato.

«Carmen y Lola muestra su faceta más lucida en el entorno del reflejo social a modo de documental, es impresionante como es capaz de pararse en esos pequeños detalles que brindan a la película una gran riqueza narrativa. Pese a sus grandes hallazgos, Carmen y Lola no está exenta de decisiones cuestionables: peca de ser demasiado previsible en muchos aspectos, el desenlace fatal con la familia se intuye y la historia no aporta nada más que lo que se espera que ocurra. El punto crítico, y el más desacertado de la película, es su final, pretendidamente melodramático y con un cierto aire telenovelesco».

Crítica Carmen y Lola 2

La construcción de Echevarría es remarcable, nos sumerge en el imaginario gitano de una manera honesta -siempre teniendo en cuenta que ella no es gitana y que, quiera o no, su visión siempre va a estar catalogada como una mirada totalmente externa-.

Carmen y Lola muestra su faceta más lucida en el entorno del reflejo social a modo de documental, es impresionante como es capaz de pararse en esos pequeños detalles que brindan a la película una gran riqueza narrativa. Pese a sus grandes hallazgos, Carmen y Lola no está exenta de decisiones cuestionables: peca de ser demasiado previsible en muchos aspectos, el desenlace fatal con la familia se intuye y la historia no aporta nada más que lo que se espera que ocurra. El punto crítico, y el más desacertado de la película, es su final, pretendidamente melodramático y con un cierto aire telenovelesco, que repite la utilización del mar como metáfora de libertad cuando la asociación ha quedado más que manida. Pese a ello, la cinta nos regala algunas escenas de una exquisitez cinematográfica muy remarcable. La escena de Carmen y Lola en la piscina vacía es una auténtica delicia. La piscina se transforma en el lugar donde se forja la fantasía, para ello la cineasta vasca hace uso de sonidos extradiegéticos que simulan una piscina llena, con sonidos de agua en movimiento que transmiten la magia que están sintiendo las protagonistas.

Otro instante de magia se produce durante la ceremonia de pedido, momento en el que Carmen y Lola se ponen a bailar. Echevarría hace uso de una óptica mucho más alargada, se centra en detalles de su baile, en sus manos, en sus cinturas, en sus miradas…, la profundidad de campo marca la importancia de las protagonistas y nos sumerge en la ensoñación del momento, además, para reforzar esta sensación, introduce una suave música clásica extradiegética, la música sirve para reforzar la evasión de los personajes -sobre todo Lola- que en medio de todo el bullicio son capaces de encontrar esa calma y esa alegría. Sin embargo, la escena se corta en seco cuando el novio aparta a Lola para bailar con Carmen de nuevo, la cámara se aleja y vuelve sobre los cauces documentales dejando a Lola de nuevo en esa posición de marginación dentro de ese entorno que no le permite vivir a su manera.

La sociedad calé no tiene techos de cristal, o por lo menos no creen tenerlos, la diferencia entre sexos es marcada y aceptada. Esa superioridad masculina se ve representada en un genial plano, grabado desde atrás, en el que Carmen y su prometido están hablando. Ella está situada en un lado del plano, pequeñita, sin ocupar demasiado. Él, al contrario, llena el encuadre con su cuerpo, ocupa la parte central, durante el dialogo ella siempre le mira -hacia arriba, en contrapicado- él ni siquiera hace ademán de mirarla, de hecho, está más interesado en la acción que ocurre fuera de cuadro. Uno de los grandes logros de la cinta es que no solo nos cuenta una historia con palabras, la cineasta vasca hace que la cámara hable con la misma potencia que la voz.

Podemos definir a Carmen y Lola como un canto a la libertad, a la igualdad, al derecho a amar a quién quieras. Incluso, podría decirse que es un grito de libertad de la propia Echevarría que se ha atrevido con un proyecto que “no le corresponde” y que celebra haber podido llevar a cabo.

Tráiler

Reproducir vídeo

COMPARTE ESTE ARTÍCULO

Share on twitter
Share on facebook
Share on tumblr
Share on whatsapp
Share on email
Share on telegram
Share on google