Veneno | Crítica segundo capítulo

“Somos mujeres para las que el mundo es peligroso”. La frase -aunque acertada- evidencia un afán de remarcar un relato de una manera desnaturalizada. Con diálogos poco creíbles y dirigidos al espectador y no respondiendo a la lógica relacional de los personajes. Si en el capítulo anterior hacíamos referencia a una mirada edulcorada y pretendidamente subrayada, en el segundo episodio nos encontramos con más de lo mismo. La serie navega entre los distintos tiempos de Joselito y Cristina, saltando con atino entre los distintos escenarios y retratándolos perfectamente con una puesta en escena impecable, cercana a un neorrealismo pop. Al mismo tiempo la serie no descuida en ningún momento a la verdadera protagonista, Valeria. Es en la construcción del personaje de esta joven valenciana donde el guion y la narración se vuelven excesivamente torpes, esquivando la pretensión de naturalidad que se pretende con el personaje de Cristina Ortiz para pasar a una suerte de relato moralista y edulcorado que se empeña en subrayar con palabras lo que vemos con imágenes.  

En general, Veneno, transmite artificialidad en su forma, más centrada en la belleza que en la credibilidad. La historia de Cristina demanda una mirada más honesta, un acercamiento más documental. Los Javis demuestran tanto respeto a la biografía como torpeza a la hora de narrarla, apostando siempre por una enunciación excesiva y ofreciendo una falta de contención y finura que hacen de Veneno una serie artificial y efímera. En general, hay mucha verdad, mucha televisión, mucho artificio, pero poco cine en Veneno.

«Veneno transmite artificialidad en su forma, más centrada en la belleza que en la credibilidad. La historia de Cristina demanda una mirada más honesta, un acercamiento más documental.»

La estructura narrativa de Veneno pretende contar el dolor sin que eclipse la belleza y la atmósfera de sus imágenes. Y pese a que a menudo toma una distancia prudente a la hora de narrar, su deliberado intento por emocionar impide cualquier intento de construcción de un discurso audiovisual naturalista. El relato intimista que se aborda en este segundo episodio deja atrás la mirada documental que se intuía en el retrato noventero del primer episodio. Aquí todo aparece más ficcionado y artificial, las interpretaciones -aunque decentes- no alcanzan el nivel de las anteriores lo que hace que la serie pierda su frescura.

El marco social y cultural en el que nos hallamos seguramente hace de Veneno un visionado útil, una ficción que permite ver los desgarradores trances por los que han tenido pasar, por los que siguen pasando y si no cambiamos mucho seguirán pasando, personas que han decidido optar por una vía no normativa, personas que han optado por vivir sus vidas acorde a lo que sienten. Por ello, esta nueva serie podría ser un visionado interesante, lleno de verdad, pero aderezado con un artificio innecesario que convierte a Veneno a un producto más telenovelesco que cinematográfico.

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