Imagen crítica Mal Genio Pasotismo Ilustrado

Genuinamente insoportable

Crítica ★★★☆☆ Mal genio / Título original: Le redoutable / Año: 2017 / Duración: 102 minutos / País: Francia / Dirección: Michel Hazanavicius / Guion: Michel Hazanavicius (Autobiografía: Anne Wiazemsky) / Fotografía: Guillaume Schiffman / Reparto: Louis Garrel, Stacy Martin

Tras el éxito cosechado por The Artist en 2011, Michel Hazanavicius vuelve a sumergirse en un homenaje al cine, esta vez centrado en la figura del cineasta francosuizo Jean Luc Godard. El filme toma como partida el libro escrito por la actriz Anne Wiazemsky, Un An Après y nos ofrece una historia de amor. El texto de la que fuera segunda esposa del genio francés, al igual que lo hace la película, se sitúa en las revueltas estudiantiles y obreras de mayo de 1968, actos que significaron en Godard un cambio de ideales y de formas de hacer cine y le llevaron a realizar un cine cada vez más político.

Mal Genio nos arroja a un Godard tan genial en materias intelectuales y en la praxis fílmica como insoportable en lo humano, capaz de provocar la mayor de las admiraciones y el más absoluto de los rechazos, situándose siempre al borde de la bofetada. Godard está enfadado con el mundo y consigo mismo, se cuestiona cada una de sus acciones y pensamientos llegando incluso a renegar de sus películas anteriores. Su ego supura por cada uno de sus poros y Anne sufre estas consecuencias en silencio, en un segundo plano, sometida al discurso caprichoso y poco empático del autor. El arco de transformación del personaje de Anne navega desde la admiración inicial hasta el rechazo final con el que concluye la cinta.

Ahondando en materia puramente cinematográfica, es en esa transición, en ese desarrollo del personaje femenino, donde Hazanavicius erra su planteamiento al centrar el foco en el delirio político de cineasta -tema que convierte en una suerte de espectáculo circense- y no en la complicada relación entre Jean Luc y Anne, convincentemente interpretados por Louis Garrel y Stacy Martin.

El director galo, al igual que ya lo hiciera en The Artist haciendo un homenaje a las películas de clásicas de cine mudo, trata de hacer constantes “guiños” a la obra de Godard (sobre todo a las propuestas de la primera etapa del cineasta). Es el caso de la mirada interpelativa de Pierrot el loco, la imagen en negativo de Alphaville o los jump cuts de Al final de la escapada. Sin embargo, esta fórmula podría ser motivo de crítica al cineasta debido a que aplica en muchos de sus filmes la misma receta, imita las formas y las pone al servicio de un humor de corte popular. Es ahí donde está su contradicción, ya que hace un uso obligado de este metalenguaje cinematográfico, lo introduce como una imposición argumental. Esta sucesión de decisiones hace que Mal Genio no sea capaz de construir un discurso narrativo propio y que se acerque más a un “pastiche” que a un relato de autor. Sin embargo, sin ser ni mucho menos excelente, la película posee momentos brillantes, que funcionan mejor de manera aislada.

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«La contradicción del cineasta reside en el uso obligado del metalenguaje cinematográfico, que introduce como una imposición argumental. Esta sucesión de decisiones hace que Mal Genio no sea capaz de construir un discurso narrativo propio y que se acerque más a un “pastiche” que a un relato de autor».

Una de las grandes desgracias de la actualidad es la dictadura de lo políticamente correcto” decía Ruben Ostlund al recoger la Palma de Oro del Festival de Cannes por su película The Square. Mal Genio, al igual que la película sueca, es capaz de dialogar consigo misma y consigue sortear las barreras de la corrección política, y ya solo por ello merece un visionado.

Otra gran preocupación del cineasta era el devenir de la vida, el envejecimiento. Godard atisba en la gente mayor una pérdida de ese carácter revolucionario que tanto ama y que tanto miedo tiene a perder, tiene miedo de convertirse en un viejo porque, según él, ellos representan la antítesis a su pensamiento y la represión. Una frase pronunciada al principio del largometraje remarca su forma de afrontar y el miedo que le produce esa vejez. “Todos los artistas deberían morir antes de cumplir los 35 años, antes de convertirse en unos viejos cretinos”. La pronunciaba a la vez que alababa a Mozart por haber fallecido a los 35 años. El cineasta basa su vida en esta afirmación, nunca llegará a tener 35 años pese a tener 90, preferiría morir antes que encontrarse en una posición antirrevolucionaria, la revolución es su modo de vida y tiene al inconformismo y a la negación como aliado. “Quizá esto sea la revolución” es una de sus últimas frases, y puede que lo fuese.

La película solo admite un análisis o un juicio de valor si tenemos en cuenta el tiempo en el transcurre, nos situamos en un momento de total ruptura entre dos corrientes de pensamiento totalmente opuestas. O abrazabas las lindezas del capitalismo o te arropabas en los ideales del comunismo, no había más opción que elegir. Godard abrazó los ideales comunistas, sobre todo los de corte maoísta. Sin embargo, los tiempos actuales no distan demasiado de los que vivimos en la actualidad, la paleta de colores de la que hacemos uso hoy en día es muy reducida, carente de grises y matices, somos blancos o negros; rojos o azules; morados o naranjas; capitalistas o comunistas…

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